Vendido

Estatua de Amón

Estatua votiva elaborada en bronce que representa al dios Amón, de pie, en actitud de marcha, con la pierna izquierda adelantada. Su torso desnudo viste el taparrabos chendjit, la barba postiza trenzada y el collar ousekh. La pluma de avestruz superiror falta parcialmente. Originalmente debía de portar un cetro en la mano. El soporte personalizado de la pieza fue realizado por Kichizo Inagaki (1876-1951)

Cultura: Egipto.
Lugar: Egipto.
Período: Baja Época. 664-332 a.C.
Material: Bronce.
Dimensiones: 18,50  cm.
Procedencia: Colección particular francésa.

6.500,00

Agotado

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Descripción Completa:

Hermosa estatua votiva que representa al dios Amón, de pie, en actitud de marcha, con la pierna izquierda adelantada. Su torso desnudo viste el taparrabos chendjit, la barba postiza trenzada y el collar ousekh. La pluma de avestruz superiror falta parcialmente. Originalmente debía de portar un cetro en la mano. El soporte personalizado de la pieza fue realizado por Kichizo Inagaki (1876-1951), quien fue, entre otras cosas, el diseñador de las bases y soportes de los relieves egipcios de la colección personal de Auguste Rodin. Si bien gran parte de su obra fue elaborada para clientes privados, algunos clientes notables del Sr. Inagaki son Paul Guillaume, Charles Ratton, Albert Barnes y Auguste Rodin

Amón era un dios dinástico, señor de Karnak en Tebas y de numerosos otros santuarios. De todos los dioses del panteón egipcio, Amón fue sin duda quien alcanzó un renombre sin igual al convertirse en el prestigioso dios dinástico. Fue a partir del Imperio Medio, bajo el reinado de Amenemhat I, fundador de la XII Dinastía, cuando Amón se convirtió en el rey de los dioses y, por ende, en el «dios de los dioses». Amón, rey de los dioses, señor de los tronos de la Doble Tierra. Con Mut, su diosa, y Jonsu, su hijo, formó la Tríada Tebana, una de las más representativas de la teología egipcia. Al este de su gran templo de Karnak, tenía un santuario de «Amón, el que escucha las oraciones», donde respondía a los oráculos, como atestiguan las «estelas de las orejas». Orejas que sus seguidores le dirigían.